Marrakech

Marrakech

Marrakech misteriosa, vibrante, perturbadora, contradictoria, bohemia, beata, derrochadora, ruidosa, apasionante, exótica… la Perla del Sur, como algunos llaman a Marrakech, es y no es. A veces la amas, a veces la odias. Es un lugar capaz de acabar con tu paciencia pero que, como un imán, te llama, te atrae, te secuestra…

Dos ciudades en una. Dos mundos diferentes: la Medina, la parte antigua y amurallada, y la Ville Nouvelle, la parte moderna construida por los franceses en la época colonial.

La medina parece detenida en tiempos medievales, no en vano está declarada como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

El Zoco

El zoco, mercado de calles estrechas y zigzagueantes, es el más grande de Marruecos. Orientarse allí es una misión imposible y hay que estar dispuesto a perderse y dejarse sorprender por callejuelas y placitas repletas de coloridas tiendas, centenares de ellas, y por rincones llenos de locales donde los artesanos trabajan, a la vista de todos, la madera, el metal, el cuero, o los tejidos. La mayor parte de las calles del zoco están cubiertas por una especie de techumbre hecha con cañas. Los rayos del sol se filtran a través de los huecos formando un hermoso juego de luz y de sombras que llena de magia este lugar. Los tenderos, sentados a la entrada de su establecimiento, interpelan constantemente a los transeúntes, intentando llamar su atención y conseguir que entren, que se fijen en sus productos entre tanta competencia. Las tiendas de especias y plantas medicinales nos resultan curiosas por encima de todas las demás. Están repletas de centenares de frascos que contienen remedios para todos los males, ungüentos, aceites esenciales… nos atreveríamos a decir que pócimas. Seguro.

El zoco desemboca en la plaza de plazas, el centro de ese pequeño universo de Marrakech, Jemaa el-Fna. Un lugar caótico en el que es necesario pararse para observar, para no dejarse llevar por el caos y poder apreciar su esencia, un verdadero cruce de caminos.

La Medina

En la medina, nos da la sensación que la belleza se esconde, y tienes que poner mucha atención para que no se te pase por alto. Al igual que los Riads, las casas típicas de la zona, la medina tiene una apariencia tosca y simple por fuera, sin embargo, en su interior puedes descubrir un lugar mágico, suntuoso y evocador. De igual manera, todos los lugares turísticos que visitamos, se nos hubieran pasado por alto en un simple paseo: El palacio El Badi, las Tumbas Saadíes.

La Madrassa Ben Youssef, el Museo de Marrakech o el Palacio Bahia. Todos ellos edificios que no son gran cosa por fuera, pero que su interior es de una gran belleza. Lo único que queda a la vista de todos, imponente, es la Mezquita Kutobia, el edificio más emblemático de Marrakech.

Ir desde la Medina a la Ville Nouvelle, es como dar un salto en el tiempo, aunque en realidad ese salto sea fruto de dos formas diferentes de entender la vida. En la ciudad nueva la belleza se lleva por fuera. Los edificios miran hacia el exterior y no para dentro como los Riads. Grandes avenidas arboladas, centros comerciales, luces de neón, semáforos y demás modernidades. La gente también lleva la belleza por fuera: desaparecen las chilabas que ocultan las curvas de hombres y mujeres, así como los velos que cubren las largas melenas de las jóvenes. El alcohol está permitido, hay restaurantes de comida internacional, pubs, discotecas y tiendas de ropa de estilo occidental. La globalización permite que puedas encontrar exactamente los mismos modelitos en Marrakech, Taiwán o Barcelona. Por la gran Avenida Mohamed V, la arteria principal de la ciudad, es habitual ver pasar cochazos que pocas veces hemos visto en nuestra ciudad de origen, y es que en la Ville Nouvelle quien tiene lo muestra.

La Ciudad Roja se compone de estos dos mundos, dos mundos unidos por el color de los edificios, el mismo que la tierra que los sostiene. Dos mundos unidos por un mismo cielo y unas puestas de sol anaranjadas maravillosas.

Ciertamente Marrakech no es una ciudad donde a muchos no les gustaría vivir, pero es una ciudad en la que siempre querremos estar de paso.

Deja una respuesta